EDITORIAL
ALESSANDRO BARATTA
(1933-2002) Semblanza in memoriam
El pasado 25 de mayo murió en el Hospital Universitario de Saarbr ü cken, Repú- blica Federal de Alemania, el profesor Alessandro Barat í a, miembro del Consejo Editorial de esta revista.
Su origen italiano no fue obst á culo para convertirse en director del Instituto de Filosof í a Social y Jur í dica de la Universidad del Sarre, en Alemania, instituci ó n que encabez ó y anim ó por m á s de dos d é cadas, convirtié ndolo en uno de los centros europeos de mayor creatividad y producci ó n cr í tica en el campo de las ciencias sociales, especialmente las jur í dicas.
Desde sus primeras publicaciones, a inicios de los a ñ os sesentas, hasta sus ú ltimos escritos en meses recientes, Alessandro Barat í a exhibe una impresionante producci ó n de cientos de art í culos y decenas de libros que, a lo largo de casi cinco d é cadas, marcaron con huella indeleble el quehacer intelectual europeo en á reas del conocimiento univer sal que van, desde la filosof í a pol í tica y social, hasta la filosof í a del derecho, la sociolog í a jur í dica — particularmente la jur í dico-penal — y la criminolog í a. Su inquietud acad é mica lo llev ó a incursionar tambi é n en el derecho penitenciario y en el de la ni ñ ez y adolescencia, materias que, junto al resto de sus aportes, termina inscribiendo en el á mbito del derecho internacional de los derechos humanos, como l í mite y norte de lo que ser á , en su criterio, el marco jur í dico necesario de referencia hacia el futuro.
A lo largo de su itinerario reflexivo, Barat í a se adhiere desde temprano a un marxismo renovado, no dogm á tico, que quiso siempre poner al d í a, sin renunciar a la cr í tica del contexto de la é poca que le toc ó vivir, transpirando siempre un profundo humanismo cuyas metas son la posibilidad de construir un mundo sin violencia, sin discriminaciones, m á s justo y solidario.
Por eso, a finales de la d é cada de los setenta, cuando redescubre Am é rica Latina, se enamora de ella; de sus mujeres — en primer lugar — y, a trav é s principalmente de ellas, de su m ú sica y su danza, de su geograf í a y de sus pueblos. El "matrimonio" del profesor Barat í a con esta región del mundo fue definitivo. La cultura latinoamericana — crisol de culturas — y la fuerza de su destino, a la vez tr á gico y cargado de esperanza, lo atraparon irremediablemente.
Fue entonces que, por dichosos años, la presencia de Alessandro se fue haciendo familiar entre nosotros, en cursos y seminarios, en conferencias y encuentros informales. Fue tambi é n de esta manera que las puertas del instituto que dirig í a en Saarbrücken — ciudad por siglos de encuentro y de paso, multicultural y cosmopolita — sé abrieron para varias generaciones de latinoamericanos que tuvieron el privilegio de compartir sus ense ñ anzas.
Pero más que un maestro, Baratí a se esmeró , con todos, por ser un amigo; siempre revel ó su lado humano, su infatigable vocaci ó n por compartir no solo su sabidur í a, sino tambi é n su casa y su piano; su pasta y su vino.
En el plano estrictamente intelectual, Alessandro Baratí a se inscribe en el linaje de autores, específicamente filósofos políticos italianos, que arrancan con Maquiavelo y terminan con Bobbio. Figuras que nos son ahora más familiares como Ferrajoli y el mismo Alessandro, pertenecen al legado más sobresaliente de la Italia contemporánea.
En lo estrictamente personal, este amigo de América Latina fue un romano clásico, si se permite decirlo; se trata de un personaje "pre-cristiano", abierto tanto al deseo de conocimiento como al disfrute pleno de la vida. De éstas, sus dos grandes enseñanzas, debemos seguir nutriéndonos.