LA POLÍTICA ANTIDROGAS Y SUS EFECTOS EN AMÉRICA LATINA

Roy Murillo Rodríguez *

 

La política antidrogas en Latinoamérica presenta en primer término al narcotráfico como el enemigo número uno del sistema político, económico y social, y, al mismo tiempo al drogadicto como parte de una subcultura alejada de la realidad, sin "valores sociales" y con cercanas vinculaciones al crimen: concretamente al crimen violento. Es importante entonces analizar a qué responde esta política, cuál es su contenido ideológico y cuáles son sus efectos más visibles.

1.            POLITICA ANTIDROGAS: LAS RELACIONES EEUU-AMERICA LATINA.

En el mundo actual, el principal exponente, promotor y defensor de la política antidrogas es el poderoso vecino del Norte: los Estados Unidos de América. Su influencia en organismos internacionales, así como en los diferentes gobiernos latinoamericanos, es innegable. Sin embargo, en el ámbito del consumo de drogas sus índices tienen una dimensión escalofriante, calificables de epidemia, a pesar de lo cual se empeñan en ver este fenómeno como un problema que viene de afuera, donde los culpables son tanto los países productores como los que sirven de puente para el transporte. Dentro de este contexto una gran cuota de responsabilidad se le asigna a los países latinoamericanos.

La mencionada política pretende erradicar el consumo y el tráfico, combatiendo a toda costa la oferta. Se presenta al narcotráfico como "el mal perverso", la "plaga contra la humanidad", un "cáncer" para la estabilidad política y económica latinoamericana(1). La presión del gobierno norteamericano es tal, que valiéndose de nuestra dependencia económica, condiciona los planes de reactivación y desarrollo regional, (vrg. la Iniciativa para la Cuenca del Caribe), a la aprobación de una serie de leyes antinarcóticos y a la activa participación en su "guerra contra las drogas" -guerra autodeclarada y autoimpulsada en febrero de 1982, por el entonces presidente Ronald Reagan-. Por lo tanto, resulta a todas luces lógico y explicable que las leyes en materia de drogas no respondan a nuestra realidad socio-económica, y cultural pues se dictan sin analizar otra opción, respondiendo únicamente a los intereses de nuestro "vecino y amigo":

"…los Estados Unidos de América ha venido vislumbrando un nuevo enemigo: el narcotráfico... aquel país hace participar en la batalla contra el narcotráfico a los Estados latinoamericanos. Así por ejemplo, la iniciativa para la Cuenca del Caribe y ahora El Plan Bush han estado asociados a la aprobación, por parte de los países adherentes a esa iniciativas, de leyes anti-drogas, de tratados de extradición de narcotraficantes, y a la cooperación con los Estados Unidos en la lucha contra el nuevo enemigo".(2)

Realmente, en su discurso, la preocupación por el problema del consumo de drogas no es primordial, incluso podríamos decir que este aspecto es la cobertura para una serie de motivaciones políticas y económicas. La política antidrogas se ha utilizado como instrumento de dominación y neocolonización, pues permite el control político de contraculturas y es un medio sostenedor de las relaciones de poder de la política internacional(3). La desfachatez es tal, que se ha llegado al extremo de amenazas de intervención militar en países como Bolivia y Colombia y ni qué decir de la invasión a Panamá, -que se justificó bajo el pretexto de "lucha contra las drogas"-, sin importar el ilegítimo e injustificado quebrantamiento de principios frindamentales del derecho internacional, como el de soberanía nacional:

Lo que ocurre en Panamá, sigue siendo quizás el mejor ejemplo de la utilización que ha hecho los Estados Unidos de la lucha contra el Narcotráfico para intereses político-militares en la región, diferentes de los que expresa el discurso antidrogas oficial. El mejor indicador de esto es el siguiente: antes de la invasión a Panamá el gramo de cocaína costaba 50 dólares ahora cuesta 3 dólares. La dosis de crak cuesta cincuenta centavos ... desde 1989 se inició realmente el tráfico interno de drogas en Panamá.(4)

Aparte de intereses políticos y militares, no se puede ocultar que tras el desvelo de Estados Unidos por el fenómeno del narcotráfico y el consumo de drogas, existe un grave problema económico, que es uno de los elementos que ha dado base al montaje de su política antidrogas: la preocupación por la fuga de capitales que conlleva el negocio del narcotráfico. Ello explica en buena medida la acentuación de su método en esta materia, y con mucha más razón en un momento de crisis económica como el que atraviesa actualmente esa nación.

El montaje es tal, que las contradicciones son notorias: por un lado se presentan como protagonistas de la guerra contra las drogas, defensores sin cansancio de la salud pública y combatientes de la corrupción, mientras que por otro se ha comprobado la complicidad de la C.I.A. y el F.B.I. en el tráfico de droga, entre otros casos, en el conflicto Irán-Contras, donde se demostró el acuerdo de estas entidades con narcotraficantes suramericanos, para que, a cambio de ciertos favores, éstos suministraran armas a la "contra" nicaragüense.

Solo la existencia de intereses como los que hemos señalado, justifica la acentuación del método represivo en la lucha contra las drogas, especialmente cuando quien la promueve es un país que ya tuvo en ese sentido una experiencia con resultados absolutamente negativos: la llamada "Ley Seca", en la década de los años veinte(5).

Partiendo de lo expuesto, pasemos a analizar el contenido de las leyes antinarcóticos y posteriormente los resultados de su aplicación en el ámbito nacional.

2.         LEYES ANTIDROGAS: BROTE EXCESIVO DE REPRESION

Al examinar la legislación latinoamericana en materia de drogas, nos encontramos con leyes prácticamente uniformes. Así por ejemplo puede verse la Ley de Perú (1982), Venezuela (1984), Chile (1985), Colombia (1986), Bolivia, República Dominicana, Paraguay y Costa Rica (1988), Argentina (1989) y de nuevo Costa Rica en 1991.

El rasgo común en el Derecho Penal Latinoamericano venía siendo la abstracción y generalidad de los tipos penales, técnica que se pierde por completo en las leyes antidrogas. Podemos ver, a manera de ejemplo, el artículo 18 de nuestra Ley sobre estupefacientes, sustancias psicotrópicas, drogas de uso no autorizado y actividades conexas:

"Se impondrá prisión de ocho a veinte años a quien, sin autorización legal, distribuya, comercie, suministre, fabrique, elabore, refine, transforme, extraiga, prepare, cultive, produzca, tranporte, almacene o venda las drogas, sustancias o productos a que se refiere esta ley ... la misma pena se impondrá a quien poseyera, sin la debida autorización, esas drogas, para cualesquiera de los fines expresados y a quien posea o comercie semillas, con capacidad germinadora u otros elementos naturales para la producción de las referidas drogas." -la negrilla no es del original-

Puede observarse claramente como el legislador amplía de tal forma las diferentes maneras mediante las cuales se puede llevar a cabo el delito, que tan solo en la mencionada disposición encontramos quince acciones, produciéndose lo que ZAFFARONI llama "multiplicación de los verbos"(6).

Examinando en detalle la legislación de comentario nos damos cuenta que, conductas típicamente de tentativa, participación e incluso meros actos preparatorios, se castigan como actividades principales y encontramos una lista de conceptos que pareciera un verdadero diccionario legal.

Si se cuestiona cuál es el sustento de esta nueva técnica legislativa, en principio podría creerse que se trata de una verdadera preocupación por la efectiva aplicación del principio de legalidad, pero al contrario, la idea es castigar cualquier acción que esté relacionada con drogas, así ZAFFARONI:

"Es obvio que la expuesta técnica legislativa es ajena a nuestra modalidad legislativa, pero, además, y dentro del contexto de nuestra doctrina, cabe que nos preguntemos cúal es su significado. Ante todo está revelado un afán por no dejar ningún hueco de punibilidad: quien tenga "algo" que ver con un tóxico prohibido comete delito. En este aspecto, no debe pensarse que las definiciones son cuidadosas, en el sentido de procurar una precisión de la legalidad típica, sino en el de cubrir toda posibilidad con punibilidad."(7).

La utilización del método represivo es la principal estrategia que se ha establecido en la lucha contra las drogas. Las penas que se fijan son elevadas, no se permite una adecuación de conformidad con el daño social causado y no existe una graduación de las penas, sino que se dan mínimos excesivamente altos, imposibilitando la aplicación de la ley de manera proporcional a la gravedad del hecho acusado. Se demuestra, sin necesidad de más comentarios, que con la normativa de comentario, en vez de procurarse la menor intervención posible del Sistema Penal -como lo pretenden las modernas corrientes criminógenas, a partir de la reconocida inoperancia del mismo, se produce la mayor extensión posible de la punibilidad. Se utiliza el Derecho Penal no como la "ultima ratio", sino como primer mecanismo de control. Tipos penales abiertos, sanción de conductas que normalmente quedarían impunes, ampliación del catálogo punitivo, diccionares legales conexos y penas mínimas excesivamente altas, solo nos pueden llevar a pensar en un Derecho Penal "Máximo", violatorio evidentemente de principios básicos del Derecho Penal Garantista.

3.            COSTOS SOCIALES DE LA POLITICA ANTIDROGAS

El uso excesivo de la represión en la lucha contra las drogas no ha permitido la obtención de resultados positivos. El consumo sigue aumentando, así como la diversidad de sustancias sicotrópicas, a pesar de ello han surgido voces que claman por la necesidad de crear nuevos órganos policiales especializados, o al menos se les cambia de nombre -como si con ello fuesen a actuar de forma más expedita-; se habla de producir más leyes, incluso de la creación de un Código en esta materia; algunos hasta proponen construir más cárceles. Es claro que los centros penitenciarios ya no dan abasto, y es que, con la aplicación de este método, nuestras prisiones han visto aumentar exageradamente su población penal, empeorando en dichos centros de "readaptación social", las ya de por si, precarias condiciones de vida. Es muy posible que un estudio sobre el tipo de personas que están en prisión por delitos relacionados con el tráfico de drogas(8), concluya que la aplicación de la política que venimos comentando está asociada en forma directa con la discriminación de ciertos sectores sociales, no solo por causas directamente relacionadas con la misma sino, sobre todo, por las características estructurales de un sistema penal que es altamente selectivo, y sostenedor-legitimador de las relaciones económico-sociales. Es a los victimarios del negocio de la droga: drogadictos, consumidores, pequeños distribuidores habituales, traficantes-consumidores, etc., a quienes se expone dentro de condiciones que solo contribuyen a agravar su problema de adicción, encerrándoles en lugares donde el acceso a las drogas y el nivel de consumo, es mucho mayor, lo que es equivalente a encerrar un diabético dentro de una gran confitera, y que en términos jurídicos no es sino otra modalidad más de pena de muerte en nuestros países. Mientras tanto, los verdaderos líderes de las organizaciones dedicadas a este negocio disfrutan tranquilamente los grandes placeres de este mundo, evadiendo con facilidad la acción de la justicia mediante su exorbitante poderío económico, contribuyendo eso sí, directamente a la corrupción de instituciones esenciales de nuestro sistema democrático.

4.            POLITICA ALTERNATIVA

Podemos señalar entonces que resulta fundamental cambiar las políticas para combatir las dificultades que ocasiona todo lo relacionado con las drogas. Debe acudirse a medios de control productores de menor violencia, de forma que, al menos no se agrave la situación de las víctimas. La represión aparte de que ha sido un verdadero fracaso, no responde a nuestra realidad. La solución no está en aumentar el número de policías y cárceles. Las fuertes sumas de dinero que se invierten en políticas de este tipo, deberían ser aprovechadas de manera inteligente en medidas efectivas. Si lo que se quiere es realmente dar una solución al problema del consumo de drogas, debe determinarse científicamente las causas que inducen a su uso, para poder combatirlas, y sobre todo recurrir a la prevención y a programas terapéutico-asistenciales.  Se necesita tomar conciencia y dar respuestas de política criminal alternativa. El efecto prohibitivo de las drogas más bien genera atracción y aumenta el valor del producto en virtud del alto riesgo que genera su comercialización. En alguno países como Holanda y Suiza se ha puesto en práctica la legalización de la venta de drogas, y ello ha permitido un control en la calidad del producto y de su precio, lo que viene a ser un fuerte golpe para la actividad del narcotráfico. Algunos califican la legalización como una medida "inmoral", pero de lo que se trata es de una solución real: actualmente en nuestras sociedades la droga está en la calle y cualquiera -sin límite de edad- tiene acceso a ella, por lo que es mejor legalizar esa venta y lograr controlar su comercialización, ofreciendo al mismo tiempo al consumidor programas que lo inviten a vivir una vida sana, a mejorar su autoestima y a integrarse a la sociedad.  Los resultados hasta ahora, en esos países, son esperanzadores, sin embargo estas medidas deben ser tomadas en bloque o conjunto y no individualmente. De hecho en la Unión Europea se empieza a dar una serie de problemas en ese sentido, al no haber una política homogénea al respecto. Es importante recalcar que la política alternativa es realista: más que evitar el consumo de drogas parte de que éstas siempre han acompañado a la humanidad, y que posiblemente siempre la acompañarán. No se trata de resistirse a la realidad sino de aprender a convivir con ella, disminuyendo al menos las nefastas consecuencias de la política represiva, que debería ser un problema igualmente preocupante, al menos si nuestra sociedad pretende un cumplimiento efectivo de los derechos humanos.

BIBLIOGRAFIA

ALVAREZ GOMEZ (Ana Josefina), Abolicionismo, Política antidrogas y Proyecto Neoliberal. Ponencia presentada en la Sexta Conferencia Internacional sobre Abolicionismo Penal, ICOPA IV, ILANUD, San José, Costa Rica, del 2 al 5 de junio de 1993, p. 14.

ALVAREZ GOMEZ (Ana Josefina), Hacia el desmantelamiento de la lógica prohibicionista, elementos para un debate científico del problema de las "drogas", Tráfico y consumo de drogas: una visión alternativa, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991, p. 310.

BARATTA (Alessandro), Introducción a una sociología de la droga. Problemas y contradicciones del control penal de las drogodependencias, Tráfico y consumo de drogas: una visión alternativa, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991, p. 257.

LOPEZ CARCAMO (Zaida) y otro, Tesis para optar al grado de Licenciados en Derecho: "Descriminalización del consumo de drogas en Costa Rica: una perspectiva minimalista", Universidad de Costa Rica, Facultad de Derecho, 1993.

SOTO ACOSTA (Willy), Costa Rica: de la democracia narcisista a la democracia egoísta. Anticomunismo, Parlamento Centroamericano, Narcotráfico. Ponencia presentada en el Seminario Internacional Nuevas Formas de integración para le Desarrollo Latinoamericano, Costa Rica, del 9 al 13 de setiembre de 1991, p. 35.

TOKATLIAN (Juan), Las drogas y las relaciones EEUU-América Latina. Revista Nueva Sociedad, Venezuela, N° 102, junio, 1993, p. 74

ZAFFARONI (Raúl), La legislación "antidrogas" latinoamericana: sus componentes de Derecho Penal Autoritario. Revista de Ciencias Penais, Porto Alegre, Edición especial, año 3, N° 2, enero-junio de 1990, pp. 16-23.

 

Notas:

*             Alcalde Supernumerario.

1.                TOKATLIAN (Juan), Las drogas y las relaciones EEUU-América Latina. Revista Nueva Sociedad, Venezuela, 102, Junio. 1993. p. 74.

2.             SOTO ACOSTA (Willy), Costa Rica: de la democracia narcisista a la democracia egoista. Anticomunismo, Parlamento Centroamericano, Narcotráfico. Ponencia presentada en el Seminario Internacional Nuevas Formas de integración para el Desarrollo Latinoamericano, Costa Rica, del 9 al 13 de setiembre de 1991, p. 35.

3.                BARATTA (Alessandro), Introducción a una sociología de la droga. Problemas y contradicciones del control penal de las drogodependencias, Tráfico y consumo de drogas: una visión alternativa, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991, p. 257.

4.                ALVAREZ GOMEZ (Ana Josefina), Abolicionismo, Política antidrogas y Proyecto Neoliberal. Ponencia presentada en la Sexta Conferencia Internacional sobre Abolicionismo Penal, ICOPA IV, ILANUD, San José, Costa Rica, del 2 al 5 de lunlo de 1993, p. 14.

5.             Al respecto puede verse a ALVAREZ GOMEZ (Ana Josefina), Hacia el desmantelamiento de la lógica prohibicionista, elementos para un debate científico del problema de las "drogas", Tráfico y consumo de drogas: una visión alternativa, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991, p. 310.

6.                ZAFFARONI (Raúl), La legislación "antidrogas" latinoamericana: sus componentes de Derecho Penal Autoritario. Revista de Ciencias Penais, Porto Alegre, Edición especial, año 3. N° 2, enero-junio de 1990, pp. 16-23.

7.             Ibid., pp. 18-19.

8.  Vease al respecto de LOPEZ CARCAMO (Zaida) y otro, Tesis para obtar al grado de Licenciados en Derecho: "Descriminalización del consumo de drogas en Costa Rica: una perspectiva minimalista", Universidad de Costa Rica, Facultad de Derecho, 1993.