UN ANÁLISIS HISTÓRICO DEL DELITO
EN
EL ARCHIVO NACIONAL:
El delito contra la propiedad en San José 1870-1900

Lic. Carlos Naranjo Gutiérrez
Profesor de Historia. Universidad Nacional

 Introducción

Desde hace aproximadamente unas tres décadas, los estudios acerca del delito han venido desempeñando un papel destacado en el quehacer de los historiadores, tanto del viejo continente como del americano. Es inagotable la veta en temas y problemas, originada a raíz de la develación de los documentos custodiados en los archivos europeos de la Policía y del Archivo General de la Nación (México) donde el investigador que ha tenido la oportunidad de consultarlos, termina con el alumbramiento de una obra de gran relevancia para la comunidad académica y el público en general. En el caso costarricense es importante mencionar que esto tipo de problemas tiene su origen desde los mismos comienzos del presente siglo.

En efecto, en la obra Arqueología Criminal Americana publicada en 1906 (1) don Anastasio Alfaro trató de escudriñar otra cara de la historia del país. Para ello utilizó expedientes delictivos: En este sentido y por la novedad que el estudio representa como primer esfuerzo sistematizador de la historia delictiva en nuestro país, hasta esa fecha, al destacado escritor le cabe un gran mérito. Sin embargo a pesar de este.descubrimiento" tempranero casi setenta años después, el historiador norteamericano Lowell Gudmundson (2) fue quién volvió a recordar la existencia de estas fuentes. Actualmente un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional, están abocados al estudio de las manifestaciones delictivas del siglo pasado; en especial, influyó en ello la investigación del profesor Gil Zúñiga (3).

Las fuentes judiciales

Es usual encontrar, en nuestros tiempos, descripciones casi sublimes de la sociedad costarricense. Generalmente estas visiones vienen acompañadas de una investidura de nostalgia, o incluso, quieren hacer parecer entre, otras cosas que el fenómeno de la delincuencia es patrimonio de los tiempos presentes, ocasionado por una pérdida de valores morales: dichas aseveraciones refuerzan la fe de que los tiempos pretéritos siempre fueron mejores. Empero al investigar y revisar de manera sistemática la sección Jurídica del Archivo Nacional, la realidad desborda a la fantasía y muestra lo desubicadas, históricamente, de esas nociones idealizadas del pasado costarricense. Guiados por la abundancia de información, nos dimos a la tarea de hacer una revisión y, a la vez, una muestra de mil expedientes: al final solo setecientos ameritaron su aprovechamiento para sostener los argumentos que a renglón seguido expondremos.

La extraordinaria riqueza cuantitativa de los expedientes Judiciales del Archivo Nacional ocasiona algunas incertidumbres. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, las razones económicas y de tiempo desempeñan un papel relevante en el investigador quien, debe recurrir al muestreo como una alternativa para tratar de resolver lo intrincado de esta sección, y así al menos lograr una imagen aproximada de la realidad. En el nivel cualitativo una buena cantidad de estos documentos revelan, de una u otra forma, las contradicciones de la sociedad que, a lo largo del siglo XIX; sufrió modificaciones sustanciales, acentuándose este fenómeno a partir de sus tres últimas décadas. Los expedientes ofrecen con relativa exactitud las fechas y ubicación del lugar donde se cometían las faltas; de igual modo, caracterizan a los acusados y sus víctimas, ofrecen detalles tales como: sexo edad, estado civil, instrucción, oficio y lugar de habitación.

Estos elementos ayudan a darnos una imagen de cuales meses y años fueron los más álgidos, en lo que respecta a la frecuencia en la comisión de delitos; con ellos se pueden reconstruir los sitios de mayor relevancia para la práctica de delitos y determinar, cual era la procedencia social de los delincuentes y hacia quiénes estaban dirigidas las manifestaciones delictivas. Es bueno llamarla atención en lo siguiente: esta fuente escrita debió ajustarse a requerimientos establecidos en la materia judicial; el esquema de estos interrogatorios conducían al declarante a hablar solamente sobre las cuestiones que a la ley le interesaba conocer para esclarecer el caso y -subsecuentemente- emitir la respectiva sentencia. Al respecto los historiadores nos preguntamos: ¿hasta qué punto las declaraciones escritas por los secretarios de juzgados y alcaldías son copias fieles de dichos testimonios?; ¿recogen, las mismas, la totalidad de la exposición oral de estos documentos?.

De igual modo, es interesante valorar la correspondencia de la cartera de Justicia -como parte de las fuentes judiciales- asociada a la comisión de delitos. Esta sección, recoge del registro de las comunicaciones remitidas al Ministro de Justicia por parte de Gobernadores y Comandantes de cuarteles. A través de ellas se aprecia el marcado interés de las autoridades por controlar el delito o informar sobre la necesidad de aumentar los cuerpos policiales, a la vez que externan la constante inquietud por la construcción de establecimientos seguros donde albergar a los acusados. Infortunadamente, el problema de esta fuente es que se encuentra incompleta; hay años y meses sin registro. El mundo de la delincuencia tiene un sinnúmero de fuentes que no necesariamento pertenecen a la Sección de Justicia, como son los informes de visitas a las cárceles efectuadas por el Juez del Crimen de los Juzgados y del Alcalde de las provincias, las memorias de Gobernación, Justicia y Fomento son excelente material -por cierto- para análisis como del "Cuadro de Sentenciados";" Las aprehensiones hechas por la policía"; "Los Movimientos de la policía por provincias".

En la Sección del Congreso, se pueden obtener una serie de documentos tales como algunos reglamentos de policía, del presidio de San Lucas y de la Isla del Coco, aunque son de mayor relevancia en este Departamento los libros de actas del Gran Consejo Nacional del Estado donde es posible entrever las discusiones que giraron en torno a la creación del Código Penal de 1880.

San José: la ficción de una ciudad pueblerina

A medida que transcurría el siglo diecinueve, la provincia de San José fue caracterizándose como una de las regiones más dinámicas del país. Es conocido que el cultivo del café, alrededor de la ciudad capital, no sólo dependía de la existencia de condiciones óptimas, sino de otros elementos tales como la concentración de la población en el oeste del Valle Central a fines del período colonial, asentamiento para la nueva función política que la ciudad desempeñaría al adquirir la capitalidad (4).

La antigua ciudad de San José, según la disposición del presidente Carrillo comprendía solamente cinco manzanas alrededor del distrito Hospital. Este perímetro tan pequeño fue señalado únicamente, para efectos de cobro de los impuestos municipales, aunque es obvio que los habitantes no estuvieron sujetos a un espacio tan reducido el cual, por el contrario se expandió de día en día hacia diferentes lados. En los años de 1850 la capital de San José tenía ochenta cuadras delineadas. El establecimiento de los nuevos edificios, la apertura de nuevas calles, las reformas para llevar el agua, el alumbrado etc., fueron todos los factores que con-tribuyeron a ensanchar la ciudad. El diecinueve de diciembre de 1888, se originaron nuevos límites; al norte la calle de la Esperanza (actual calle 23; norte y sur). Al Oeste la calle que pasa al frente del hospital (actual calle 14; norte y sur). Más tarde, el dos de octubre de 1895, nuevamente son modificados estos linderos quedando de la siguiente manera; al norte, el curso del río Torres, comprendido entre los limites este y Oeste de la ciudad; al sur el curso del río María Aguilar, y al Oeste la orilla este de la Sabana. En 1902 se varía del límite oeste de la ciudad, y se acuerda que sean las calles 31 y 35 unidas por la avenida diez (5).

Era usual, en esta época, que a este proceso de urbanización se integraban los presidiarios como un tipo de fuerza laboral. Es así como del veinte de enero de 1870, trasladaban los presos de la cárcel pública de San José a la calle de la Sabana, con el fin de que trabajasen en ella para concluirla los más pronto posible (6). Se instauró, asimismo que a los reos condenados a faenas forzadas en casa de reclusión, conmutaran la pena con trabajos en obras públicas, destinándoseles a tareas de ornato, limpieza de calles, construcción de caminos y carreteras.

La provincia de San José singularmente el sector denominado "la ciudad" era el espacio social geográfico donde acontecían las principales actividades productivas y comerciales. Este sector estaba integrado por los cuatro distritos: la Merced, Hospital, Catedral, y el Carmen, así como por sus barrios y distritos aledaños entre ellos: Zapote, San Francisco, Alajuelita, Curridabat, Hatillo, Mata Redonda, Pavas, Uruca, San Sebastián, San Vicente, San Jerónimo, San Isidro y San Juan.

Volviendo a nuestro tema, de todos los delitos contra la propiedad el que prevaleció a lo largo del período fué el hurto (Ver cuadro 1). Esta situación es comprensible ya que dicho delito se convirtió en la forma más elemental de apropiación indebida. Así, por ejemplo, los talleres artesanales, las tiendas y almacenes, las ventas y plazas públicas, taquillas, el mercado, las viviendas y haciendas cafetaleras, fueron los lugares favoritos para el ejercicio del hurto. Las víctimas alegaban, diariamente, en los Tribunales, haber perdido sus relojes, leontinas, joyas, artículos comestibles de primera necesidad, instrumentos de trabajo armas, café y dinero en efectivo.

Los sitios tales como lugares públicos (calles y recintos) no requirieron del concurso de más de un individuo para la perpetración del delito; los delincuente se valieron de variados recursos para acosar a sus víctimas, entre otros; el abuso de confianza, las artimañas y del aprovechamiento de aglomeraciones de personas. No obstante, la situación cambiaba cuando cometían el hurto en algunos almacenes comerciales, donde la asociación de dos o tres individuos se convirtió, prácticamente en un requisito imprescindible. Varios son los casos donde la víctima se quejaba en estos términos "ambos estaban asociados, uno entró al establecimiento a preguntar por un candado y me entretenía mientras el otro entró y se llevó una máquina de coser al hombro, pero antes hablaron en inglés cosa que no entendí" (7).

El mercado y las plazas públicas merecen especial atención, pues pasaron a ser sitios predilectos para el hurto. La dinámica del Mercado hizo de este lugar uno de los principales centros de gravitación de los bandidos. Un personaje, en una de sus visitas a este lugar narra "ayer tuvimos la ocasión de fijarnos extensamente en el daño grave que nos está haciendo la borrachería, vagancia y es cosa cierta lo que sucede en los demás cuarteles (barrios) de la ciudad, siendo mayor del ejemplo que se da de miseria social, Allí en los establecimientos de último orden que es donde se reúne la pobretería que más necesita de su trabajo para vivir honradamente" (8). A menudo al Mercado llegaban comerciantes compradores, meretrices, pordioceros y bandidos, ya fuera para hurtar o para desprenderse de algún objeto adquirido indebidamente. En consecuencia, el hurto por excelencia se reducía a la ciudad (Ver cuadro II).

El delito de robo generalmente era acompañado por el allanamiento de la propiedad, con forzamiento de cerraduras, puertas y cofres. Al igual que el hurto el robo en el Cantón Central ocupó el lugar más destacado. También la ciudad fue el sitio sobresaliente y, en menor proporción, los distritos circunvecinos. El ejercicio de este delito ocurrió en locales comerciales, haciendas cafetaleras, casas de habitación, de hospedaje y hoteles, aprovechando, casi siempre, la ausencia de los propietarios o inquilinos y las horas de la noche. En general, el robo se llevó a cabo de manera corriente; las herramientas que utilizaron los individuos para allanar las propiedades eran sencillas, debido a que, por el tipo de vivienda de la época los malhechores no requerían de grandes esfuerzos para penetrar en ellas. Por último. La muestra estudiada no presentó, en ningún momento el aprovechamiento de la violencia física para asaltar a sus víctimas.

En cuanto al delito de abigeato, a pesar de que en la provincia no existieron grandes haciendas ganaderas como para efectuarlo por medio de cuadrillas organizadas y a gran escala, su práctica fue notable. Dos espacios co-existieron para su ejecución; la ciudad y las zonas alejadas de la capital. En lo que respecta a la primera podemos comprobar en el cuadro II, que el abigeato en la ciudad era sumamente inferior 29.5 por ciento de los cometidos en el Cantón Central. Aquí, los cobertizos, las caballerías eran los sitios propicios para hurtar, preferiblemente los equinos. En segundo lugar, se practicó en las afueras de la ciudad -distritos aledaños y otros cantones- aunque también hurtaban equinos, el principal afectado fue el ganado vacuno; bueyes, vacas, terneros y, en menor cantidad, cerdos.

Observando en detalle el número de abigeatos en cada cantón, existe una tendencia bastante equilibrada; indudablemente, las cifras más elevadas las presentan los sitios alejados de la ciudad donde la vigilancia de las autoridades no alcanzaba a llegar. No era extraño la presencia de bandidos en las plazas públicas, vendiendo las reses o expendiendo la carne y el cuero. En muchas oportunidades, para lograr vender directamente, los transgresores utilizaban su ingenio falsificando las llamadas cartas-venta, documento que daba seguridad al comprador y protección al delincuente. Aún sin saber leer, escribir o firmar, el bandido las presentaba; esto induce a presumir una virtual asociación con personas letradas las cuales facilitaron la confección de los documentos. El otro acto perspicaz de los cuatreros consistió en la alteración de los fierros que indentificaban a los legítimos dueños del ganado. La utilización de estos métodos de astucia imposibilitaba a las autoridades el reconocimiento de los culpables.

En cuanto a la evolución de la práctica delictiva durante el período es necesario hacer varias advertencias: como ya se afirmó, las formas para delinquir no experimentaron cambios cualitativos, a excepción de una u otra artimaña; la totalidad de infracciones a la ley carecían de perspicacia. Es ilusorio, sin embargo, creer en la candidez de los delincuentes. Varios de ellos, a pesar de no saber escribir y mucho menos leer; por su propia experiencia, habían aprendido que ejecutar la acción en estado de embriaguez era una circunstancia atenuante de responsabilidad criminal, como expresamente lo contempló el Código Penal de 1880.

Por otro lado a partir de 1870, surgen nuevas preocupaciones orientadas a controlar la criminalidad; las autoridades van a establecer como está y, al mismo tiempo, van a describir -de manera precisa y ordenada - los actos delictivos. Sin duda el perfeccionamiento de los medios de control social, originó una vigilancia eficaz; por ello los registros judiciales de faltas y delitos en líneas generales observan un comportamiento casi uniforme; en su proceder.

La procedencia social de los delincuentes

La alborada de la nueva fase de desarrollo del capitalismo en Costa Rica, incidió trascendentalmente en la estructura económica y social. Aunque nuestro propósito no es profundizar sobre los procesos de pauperización y enriquecimiento acaecidos en este período es preciso señalar el papel desempeñado, por estos procesos, en el estímulo de la delincuencia. Por ello no podemos hacer aquí más que una presentación general de la situación de la clase trabajadora. Así se ha indicado que, hacia 1864, los jornaleros seguían representando una cuarta parte de la población censal ocupada; en 1883, su proporción subió al 33.8 por 100 y una década más tarde, en 1892, representaba el 35.8 por 100 de la población censal ocupada (9). Además, no hay que olvidar que las tendencias de los términos de intercambio se invirtieron; se incrementó la presión demográfica sobre la tierra, la concentración y subdivisión de la propiedad sobre ésta se aceleró notablemente; aumentó la necesidad de miembros de familias campesinas para trabajar por jornal, al tiempo que se reducían los salarios reales. En síntesis, cambió del significado tanto de la producción mercantil campesina como el trabajo asalariado en el campo (10).

Por otra parte, las condiciones del artesano se asemejaban, en algún sentido a las del campesinado. También Roger Churnside, siguiendo a Belly, nos dice que en 1860 existían, en Costa Rica, alrededor de 8.000 a 10.000 carretas, las cuales eran construidas con materiales casi totalmente de origen nacional; la industria de las carretas constituyó un polo de atracción para la actividad empresarial popular y el crecimiento de oportunidades. El mismo Churnside antes comentado nos recuerda que del decaimiento del transporte por carreteras se inició con la aparición del ferrocarril al Atlántico. Una vez concluido este sistema empieza a absorber el transporte del café, de igual modo contribuyó el ferrrocarril al Pacifico, concluyendo así el período más dinámico y rentable de la industria de las carretas (11). No es sorprendente que del censo de 1892, clasificaba en la categoría de "carreteros" a 2.100 personas únicamente, las cuales ganaban su vida con el concurso de sus bueyes (12). Es muy probable que, en realidad, este panorama de pauperización de clases trabajadoras tuviera como corolario una proliferación de las transgresiones a la ley, razón por la cual nos interesa analizar en esta aproximación del delincuente su extracción socio-ocupacional. (Vease Cuadro III).

Para efectos prácticos hemos reagrupado las ocupaciones de los infractores de la ley, en cinco categorías (trabajadores del campo, artesanos y manuales, profesionales liberales, comerciales, servicios y otras). Al medir cuantitativamente las ocupaciones, la categoría de trabajadores de campo (agricultor, jornalero u labrador) ocupó un lugar relevante. Evidentemente del grupo mayoritario de esta categoría lo constituían los jornaleros, el 70.5 por 100 de ellos. No debe de extrañar esa realidad, toda vez que los jornaleros, especialmente en la provincia de San José de fuerte tradición agraria -constituían un grupo social en pésirnas condiciones de vida que les hacían fluctuar entre la resignación y la delincuencia. Si bien desde hace un tiempo para acá, hemos sido advertidos, por Gudmundson, cuando sostiene que mucho después de la introducción del café, la mayoría de los jornaleros eran también pequeños productores cuyos jornales estacionales suplementaban su propio ingreso parcelario, pero no necesariamente respondían por la mayor parte del total de ingresos similares. De aquí que clasificar a todos los "jornaleros" como "obreros sin tierra" o "propietarios", en cualquier punto del siglo XIX, respecto de Costa Rica, es engañoso o irreconciliable con la realidad histórica (13).

Es cierto que muchos jornaleros, particularmente las víctimas decían, poseer algún patrimonio. Empero, así como existió este tipo de jornaleros, también hubo otros que son el reverso de la moneda, o sea, aquellos que podemos llamar jornaleros desposeídos. Es necesario manifestar -nuevamente- la preocupación por los expedientes judiciales que no recogían, de manera detallada, si los delincuentes poseían algún tipo de propiedad. Sin embargo, a pesar de esta limitación, el jornalero delincuente, en la mayoría de los casos, no poseía bienes de fortuna -nombre dado a las propiedades-. Comúnmente, los testigos acompañaban sus declaraciones de connotaciones peyorativas como éstas; "es un jornalero pobre que no se les conocen bienes de ninguna especie o "no tiene bienes ni sus familias, ni menos café para pilar (14). Otro elemento que contribuyó a comprender la posición económica de los jornaleros delincuentes, consistió en el impedimento que tuvieron para nombrar un abogado defensor, ya que la mayoría, como Juan Madrigal, uno de los indiciados- decía ...no nombro un defensor porque yo soy muy pobre y no tengo cómo pagarlo (15). Volviendo de nuevo al cuadro, los agricultores dentro de la categoría de trabajadores del campo, ya que tenemos la sospecha de que muchos jornaleros se abrigaron bajo esta ocupación. En cuanto a los labradores que fueron el 3.8 por 100, se asemejan por sus condiciones a los jornaleros, según se desprende de sus propias declaraciones, además de ello nos demuestra el desuso del término.

Salta a la vista, en el cuadro, que la segunda posición la ocuparon los trabajadores artesanales y manuales. Al igual que los trabajadores del campo, presentan, en su composición interior, hondas desigualdades. Es factible suponer que los delincuentes artesanos tengan similitud de parecido con el artesano asalariado y no con el artesano dueño de taller; aunque es aventurado y riesgoso hacerlo ya que es diffcil precisar, en la fuente, el contenido exacto sobre cuál tipo de artesano era en la realidad.

Debe admitirse que hay ciertos peligros inherentes en el uso de la categoría comerciante. Es necesario, entonces, pasarla por el tamiz de la descomposición ya que desde un sencillo truchero, pasando por dependientes, carniceros, dueños de taquillas, hasta terminar en los grandes comerciantes v. gr., R.R.Troyo y Fernández, declaraban estar dedicados a las actividades del comercio.Como nos demuestra el cuadro, una cantidad nada despreciable de empleados de comercio pasaron por los tribunales en calidad de acusados, puede radicar -en primer lugar -en el hecho de que, efectivamente, y como sucedió en la realidad, los dependientes utilizaron sus centros de trabajo para delinquir. En segundo lugar, también es cierto que muchos de esos dependientes delinquieron en lugar de otros. Es conocido que los comerciantes dueños de las casas de empeño y de algunos establecimientos comerciales, usufructuaban, indirectamente, de la delincuencia. Fue común ver a los dependientes procesados por encubrimientos y actuando como verdaderos cómplices. En cuanto a los carniceros, casi siempre les endosaban delito de cooperar en descuartizar y de expender carne robada. Resultó interesante conocer la clasificación del sexo, edad, instrucción, y del estado civil (Veáse cuadro IV). La primera impresión que se obtiene de los datos es del predominio de los hombres con respecto a las mujeres y de los mayores sobre los menores. Pero es un mayúsculo equívoco tomar como dato fundamental la división de edades establecidas por las autoridades y tratar de olvidar otras valoraciones. Es revelador del importante número de acusados menores de edad de ambos sexos que manifestaron tener como ocupación la de aprendiz, jornalero y la de sirviente. Esto -en esencia - reveló la explotación que se hacía del menor; tal situación benefició a hacendados, artesanos dueños de talleres, familias adineradas y hasta a las mismas autoridades. Asimismo merece señalarse que la explotación de la fuerza de trabajo del menor recluso se impuso como castigo para los jóvenes de 16 años trabajando en haciendas y en la construcción del ferrocarril al Atlántico (16).

Otra de las evidencias del mundo del delito es que sus autores, en su mayoría, eran analfabetos o con un nivel de instrucción pública bajísimo. No obstante de que a un número considerable de los penados -ciento cincuenta en total-, fue imposible recogerle el dato, ello no constituye elemento suficiente para variar estos argumentos. Aún más, si nos apegamos a la caligrafía de las firmas registradas en las actas de las sentencias, sin mucho ejercicio deducimos que lo único que sabían era garabatear, mediante un esfuerzo su nombre. Otra diferencia es el considerable predominio de los solteros sobre los casados. Es necesario destacar que la edad más frecuente para casarse durante el período, para los varones oscilaba entre los 24 y 25 años y para las mujeres a los 20 (17). La situación de solteros les confiere, a algunos hombres, ciertos grados de movilidad y les permite actuar con menos restricciones. El matrimonio significó asumir compromisos establecidos por la misma sociedad. Sin embargo la responsabilidad y la manutención social muchas veces conducía a la ilegalidad; si no oigamos a un hombre casado cuando reconocía su delito; "tomé la vaca ya que actualmente vivo muy pobre y tengo una familia numerosa que mantener" (18).

CONCLUSIONES

Quizá una de las muchas originalidades de las actas de juicios, es la invitación que hacen para descubrir y a la vez reconstruir la pequeña sociedad de ocupaciones, valores y vida cotidiana de un sector importante de la población costarricense, al parecer los tiempos están renuentes al cambio, ya desde el siglo pasado; la provincia de San José, y su ciudad (Cantón Central) sobresalían como los sitios más idóneos para perpetrar un delito, por otra parte, desde los primeros años del último tercio del siglo pasado se origina -o se agrava -, un empeoramiento de las condiciones de vida del campesinado y de otros trabajadores, afloran a la superficie problemas que cada vez revisten mayor intensidad; los delitos a la propiedad tienden a repetirse regularmente, y hacen en contrarse presos a estos trabajadores entre la legalidad -trabajo ocasional- y las actuaciones delictivas.

CUADRO I

DISTRIBUCION PORCENTUAL DEL DELITO POR CANTONES

1870-1900

  HURTO ROBO ABIGEATO TOTAL
DISTRITOS

No              %

No            %

No              %

No             %

San José

Goicoechea

Escazú

Desamparados

Aserrí

Puriscal

Tarrazú

Mora

258              60.4

15                88.2

14                34.1

12                48

11                68.7

8                  40

7                  70

5                   71

92             21.5

 

8                19.5

 

 

 

1                 10

77              18.0

2                11.7

19              46.3

13              52

5                31.2

12              60

2                20

2                28.5

427           99.9

17             99.7

41             99.9

25             100

16             99.9

20             100

10             100

7               99.9

Provincia

de San José

 

87                63.5

 

29               21.1

 

21               15

 

137            99.9

         
FUENTE: ANCR, San José, Juzgado del Crimen de San José. 1870-1900

CUADRO II

DELITO EN EL CANTON CENTRAL DE SAN JOSE 1870-1900

HURTO

ROBO

ABIGEATO

TOTAL

DISTRITOS

No         %

No             %

No            %

No             %

Carmen

Merced

Hospital

Catedral

San Pedro

Uruca

San Juan

Alajuelita

Curridabat

San Vicente

Mata Redonda

Zapote

Pavas

San Francisco

Hatillo

San Isidro

San Sebastián

TOTAL

116        44.9

61           23.6

27           10.4

9             3.4

8             3.1

8             3.1

7             2.7

6             2.3

3             1.1

3             1.1

3             1.1

2             0.7

2             0.7

2             0.7

1             0.3

 

 

158         99.2

23             25

14           15.2

17           18.4

7             7.6

7             7.6

8             8.6

3             3.2

5             5.4

1             1.0

 

2             2.1

4             4.3

 

 

1             1.0

 

 

92           99.4

14           18.1

1              1.2

4              5.1

4              5.1

5              6.4

 

4              5.1

3              3.8

4              5.1

5              6.4

6              7.7

5              6.4

5              6.4

5             6.4

2             2.5

7             9.0

3             3.8

77          98.5

153       35.8

76         17.7

48         11.2

20          4.6

20          4.6

16         3.7

14         3.2

14       3.2

8          1.8

8          1.8

11       2.5

11       2.5

7          1.6

7          1.6

4          0.9

7          1.6

3         0.7

1427   99.0

CUADRO III

EXTRACCION SOCIO-OCUPACIONAL DEL DELINCUENTE SEGUN TIPO DE DELITO COMETIDO EN LA PROVINCIA DE SAN JOSE 1870-1900

TlPO DE DELITO

HURTO

ABIGEATO

ROBO

TOTAL

OCUPACION

No        %

No            %

No          %

No            %

Trabajadores de campo

Artesanos y manuales

Servicios y otros

Comerciantes

Profesiones liberales

No registrados

149       35.7

97        23.2

89       21.3

17       4

14       3.3

51       122

125          81.6

12           7.8

3              1.9

4              2.6

 

9              5.8

58          44.6

23         17.6

20          15.3

4             3

 

25         19.2

332        47.4

132       18.8

112       16

25          3.5

14          2

85         12.1

TOTAL

417      99.7

153          99.7

130        99.7

700       99.8

NOTA: La categoría de trabajadores de campo la conforman; 70.5 Jornaleros, 25.7 agricultores, 3.8 labradores. La categoría de trabajadores de campo la conforman; 70.5 Jornaleros, 25.7 agricultores, 3.8 labradores.

Artesanos y manuales: 55.0 artesanos, 4,4 Panaderos, 3.0 sastres, 0.7 modistas, 5.9 albañiles, 0.7 músicos, 3.0 carpinteros, 11.9 aprendices, 4.4 pintores, 2.2 mecánicos. 1.5 talabarteros, 0.7 tapiceros, 0.7 canteros, 3.9 lavanderos.

Profesiones liberales: 50.0 profesores, 50.0 Alcaldes.

Comerciantes: 15.0 carniceros, 61.5 dependientes, 3.8 tilicheros, 19.2 hoteleros.

Servicios y otras: 1.0 empleados públicos, 2.0 policías. 60.4 oficios domésticos, 1.0 sacristanes, 7.5 cocineros, 2.0 cocheros, 1.0 escribiente, 12.5 desocupado 12.5 prostitutas

FUENTE: ANCR, San José Juzgado del crimen 1870-1900, San José Juzgado del crimen 1870-1900

 

 

Cuadro IV

EDAD, SEXO, INSTRUCCION Y ESTADO CIVIL

DEL DELINCUENTE EN LA PROVINCIA DE SAN JOSE 1870-1900

Sexo

Estado Civil

Edad

Fem.

No          %

Masc.

No            %

Casado

No         %

Soltero

No        %

Viudo

No        %

N.I.

No         %

Menores

Mayores

No Informa

23         28.7

57         71.2

138       22.2

410      66.1

72         11.6

8            5.6

134      94.3

138       32.9

281      67

2          10

18       19

13       10.9

34      28.5

72      60.5

Total

80         99.9

620       99.9

142       99.9

419       99.9

20       100

119      99.9

Instrucción Pública

SI

No             %

NO

No               %

N.I.

No                %

TOTAL

No              %

Menores

Mayores

No Informa

35             22.2

115          77.7

105            26.5

291            73.4

23              14.7

61              39.1

                 46.1

161              23

467             66.7

72              10.2

Total

148           99.9

396            99.9

156            99.9

700            99.9

Nota: La categoría Menor de Edad incluye de 10 a 20 años; la de Mayor Edad es de 21 años o más La categoría Menor de Edad incluye de 10 a 20 años; la de Mayor Edad es de 21 años o más

Fuente: A.N.C.R. San José. Juzgado del Crimen 1870-1900 A.N.C.R. San José. Juzgado del Crimen 1870-1900

NOTAS

1) Alfaro, Anastasio. Arqueología Criminal Americana, ed. Tipografia Nacional, 1906. Alfaro, Anastasio. Arqueología Criminal Americana, ed. Tipografia Nacional, 1906.

2) Gudmundson, Lowell, "Aspectos socio-económicos del delito en Costa Rica. 1725-1850", en Revista de Historia No. 5. Universidad Nacional, Heredia, 1977. Gudmundson, Lowell, "Aspectos socio-económicos del delito en Costa Rica. 1725-1850", en Revista de Historia No. 5. Universidad Nacional, Heredia, 1977.

3) Gil Zúñiga, José, producto final proyecto de investigación. "El delincuente Herediano 1880-1940." Universidad Nacional. Escuela de Historia, 1989. Gil Zúñiga, José, producto final proyecto de investigación. "El delincuente Herediano 1880-1940." Universidad Nacional. Escuela de Historia, 1989.

4) Hall, Carolyn. El café y el desarrollo histórico Geográfico de Costa Rica, San José, 1976, p, 7,. Hall, Carolyn. El café y el desarrollo histórico Geográfico de Costa Rica, San José, 1976, p, 7,.

5) Tristán, José María. Las ciudades de Costa Rica, en Revista páginas ilustradas, No. 178 a 204, año 5, enero-julio de 1908. P, 3193 Tristán, José María. Las ciudades de Costa Rica, en Revista páginas ilustradas, No. 178 a 204, año 5, enero-julio de 1908. P, 3193

6) Op, cit., p, 3193. Op, cit., p, 3193.

7) ANCR. Juzgado del Crimen de San José, exp, 1589, s.f. ANCR. Juzgado del Crimen de San José, exp, 1589, s.f.

8) Periódico El Heraldo.Marzo 1896. No. 1240 Periódico El Heraldo.Marzo 1896. No. 1240

9) Acuña Ortega, Victor. El desarrollo del capitalismo en Costa Rica, 1823-1970(mimeo), Escuela de Historia, UNA, Sin año. p, 18. Acuña Ortega, Victor. El desarrollo del capitalismo en Costa Rica, 1823-1970(mimeo), Escuela de Historia, UNA, Sin año. p, 18.

10) Samper Kutschbach, Mario. ¿Agricultor o jornalero ?. algunos problemas de Historia agraria, Mimeo, Escuela de Historia. UNA, p, 18. Samper Kutschbach, Mario. ¿Agricultor o jornalero ?. algunos problemas de Historia agraria, Mimeo, Escuela de Historia. UNA, p, 18.

11) Churnside, Roger, Formación de la fuerza laboral costarricense, Ed, Costa Rica, 1985, p, 244. Churnside, Roger, Formación de la fuerza laboral costarricense, Ed, Costa Rica, 1985, p, 244.

12) Fallas Monge, Carlos Luis. El movimiento obrero en Costa Rica- 1830-1902, ed. UNED, 1983, p, 12,. Fallas Monge, Carlos Luis. El movimiento obrero en Costa Rica- 1830-1902, ed. UNED, 1983, p, 12,.

13) Gudmundson. Lowell. Costa Rica antes del café: sociedad y economía en vísperas de la expansión agroexportadora, Tesis doctoral en Historia, Universidad de Minesota, Sin año, p. 45-46 Gudmundson. Lowell. Costa Rica antes del café: sociedad y economía en vísperas de la expansión agroexportadora, Tesis doctoral en Historia, Universidad de Minesota, Sin año, p. 45-46

14) A.N.C.R, San José, Juzgado del Crimen, exp, 11522, s.f. A.N.C.R, San José, Juzgado del Crimen, exp, 11522, s.f.

15) A.N.C.R, San José, Juzgado del Crimen, exp, 620; f.8 A.N.C.R, San José, Juzgado del Crimen, exp, 620; f.8

16) A.N.C.R, San José, Juzgado del Crimen, exp, 568, s.f. A.N.C.R, San José, Juzgado del Crimen, exp, 568, s.f.

17) Samper, Mario, Uso de la tierra y unidades productivas al finalizar el siglo XIX. noroeste del Valle Central. Costa Rica, Revista de Historia, Escuela de Historia, UNA, Julio-agosto 1986. Samper, Mario, Uso de la tierra y unidades productivas al finalizar el siglo XIX. noroeste del Valle Central. Costa Rica, Revista de Historia, Escuela de Historia, UNA, Julio-agosto 1986.

18) A.N.C.R, San José, Juzgado del Crimen, exp, 5136 s.f. A.N.C.R, San José, Juzgado del Crimen, exp, 5136 s.f.